DETRÁS DEL TELÓN DEL LIDERAZGO FEMENINO
Por: Laura Samira Beltrán Gaitán

Líder juvenil y estudiante de derecho.
Fuimos, somos y seremos un camino de reconstrucción y resiliencia, por las voces silenciadas de la historia y las huellas borradas de aquellas que, con pasión, defendieron sus derechos. Caminar hoy por el liderazgo femenino es navegar entre un mar de cuestionamientos: si la voz es lo suficientemente fuerte para influir, si todos los espacios son seguros para opinar sin estar predispuestas al rechazo, o si ser mujer aún significa ser invisibilizada y ver cerrarse las puertas ante los espacios de disputa.
En Colombia, las mujeres han sido parte un largo camino pocas veces contado, pero sus voces, luchas y liderazgo han marcado un camino para las generaciones que siguen. Ser una líder joven implica enfrentarse a miedos, nervios y silencios, pero también abrazar la alegría y la esperanza, reconociendo el valor de escuchar aquellas que, con sus canas y sabiduría, siguen confiando en la transformación.


Ahora bien, enfrentarse como líder ante las preguntas constantes —“¿para qué hace eso?”, “¿usted cree que va a cambiar el país?”— lleva a una reflexión sobre el impacto y el alcance de lo que se hace. Con ello surgen las dudas: si realmente se tiene impacto, si las voces son escuchadas, si vale la pena resistir. Sin embargo, esas preguntas se convierten en impulso, en la necesidad de reafirmar el valor de seguir actuando y construyendo a pesar de las incertidumbres.
Es poderoso ver cómo las voces femeninas se han apropiado de sus realidades, aún más desde un contexto colombiano que agrega un grado de incertidumbre, pero también un camino de resiliencia. Apropiarse de los espacios donde las voces resuenan —aunque a veces no sean oídas— se convierte en un acto de valentía, alzar la voz por los derechos de las niñas y las mujeres, implica reconocer que ser mujer involucra aspectos esenciales de resistencia, empatía y transformación.
Debido a ello, participar en espacios donde las realidades de diferentes territorios se encuentran para dialogar, debatir y construir permite tejer redes, pensando desde lo individual para convertirlo en colectividad. Así, el camino de las nuevas generaciones es cuestionar lo establecido, romper patrones y llegar a comunidades que, aun cuando escuchan, necesitan seguir aprendiendo a mirar desde otras realidades.
