LA NUEVA CONCIENCIA

EL CORAZÓN DE LA JUVENTUD

Por: Laura Samira Beltrán Gaitán

Estudiante de derecho y líder juvenil. 

Tomarse un buen café, detenerse a mirar un paisaje, tener una conversación sin prisa.  Esos pequeños actos que deberían ser cotidianos, pero que terminan aplazados por rutinas marcadas por el afán, por el tiempo que se va en el “bus”, en el “metro”, en jornadas laborales extensas, en el estrés acumulado y en la preocupación constante por alcanzar una vida que no se siente propia.

Sin embargo, los jóvenes viven en medio de preocupaciones constantes. Según UNICEF, las cifras relacionadas con la afectación a la salud mental de los jóvenes superan el 44%, una realidad alarmante que conlleva a cuestionar el ritmo de vida y las expectativas que se han normalizado.

Estudiar, trabajar, cumplir con la familia, sostener vínculos sociales. Todo parece responder a una lógica en la que, de una u otra forma, hay que estar a la altura de presiones sociales. Y a ello se le suma el papel de las redes sociales, que amplifican la idea de éxito: carro, casa, emprendimiento, productividad constante… que al final es un ideal que se consume rápido, pero que pesa demasiado.

Y en medio del caos, se olvida lo esencial: la vida no espera.

Asimismo, las presiones de la vida adulta ya no esperan a que llegue la adultez, los adolescentes y jóvenes las viven desde temprano, cargando realidades atravesadas por heridas, duelos no resueltos y exigencias que no siempre eligieron. Se les pide claridad en un mundo incierto, estabilidad en medio del cambio, éxito en contextos que muchas veces lo dificultan.

Y entonces surge la pregunta: ¿en qué momento se deja de vivir para empezar a cumplir?

Pues bien, hablar de salud mental no es solo hablar de cifras, diagnósticos o crisis visibles, es reconocer que hay una generación intentando sostenerse en medio de expectativas desbordadas, aprendiendo —a veces tarde— que también es válido parar, cuestionar y reconstruir la idea de lo que significa “vivir bien”.

Porque tal vez el verdadero desafío no es alcanzar todo lo que dijeron que se debe tener, sino atreverse a definir, con honestidad, qué es lo que realmente se quiere. Y en ese camino, resulta urgente empezar a hablar de salud mental desde los colegios, reconociendo la importancia de mirarse a sí mismo como punto de partida para construir realidades propias.